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Siempre que se tomen ciertas
precauciones, no existen argumentos razonables para prohibir
los viajes durante casi toda la duración del embarazo.
No obstante, hay que tener en
cuenta los siguientes consejos:
Durante el primer trimestre y las últimas semanas, la
embarazada debe evitar trayectos largos (peligro de aborto y
parto prematuro). Debe escoger el medio de transporte más
adecuado en función de la distancia a recorrer (avión, para
trayectos largos y coche, para trayectos cortos).
No se puede tomar ninguna
medicación (por ejemplo, pastillas para el mareo),
exceptuando las prescritas por el especialista en casos muy
concretos. Si la embarazada tiene previsto pasar muchos días en
una localidad lejana a la suya, es aconsejable que se informe
sobre los centros asistenciales más cercanos.
Si viaja en coche, es
imprescindible el uso del cinturón de seguridad, en todos
los asientos. Porque es muy poco probable que en caso de
accidente el cinturón lesione al feto. Hay que usar ropa
cómoda y hacer paradas cada dos horas para estirar las piernas.
La embarazada puede conducir coche en la ciudad, pero debe
evitar hacerlo en viajes largos.
Es mejor viajar en tren que en
autocar, debido a la mayor libertad de movimientos que
ofrece la segunda opción. En cuanto al barco, normalmente muy
seguro, hay que considerar la distancia que puede haber al
centro asistencial más cercano cuando se está en alta mar.
Los viajes en avión son muy
seguros, pero conviene evitarlos en las últimas semanas de
gestación. Es aconsejable escoger asiento al lado del
pasillo, para poder pasear y acceder con facilidad al baño. Se
pueden comer comidas ligeras. Los detectores de metal de los
aeropuertos no son perjudiciales para el feto.
En caso de viajes al extranjero,
hay que informarse sobre las vacunas exigidas en cada país y
la posibilidad de su administración en determinados periodos del
embarazo
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